UNA HISTORIA REAL
Durante años, el agua significó miedo.
Una experiencia difícil en el mar hizo que María del Carmen mantuviera distancia del agua. Podía acercarse a la orilla, pero imaginarse nadando era otra historia.
Empezar por salud.
Su decisión de tomar clases no comenzó como un reto deportivo. Por recomendación médica, decidió probar la natación como actividad física.
El miedo seguía ahí. María del Carmen recuerda que al principio incluso acercarse a la alberca podía costarle trabajo. Su primer objetivo no era nadar rápido ni dominar un estilo: era sentirse segura en el agua.
“Ahora sí fue por salud. Realmente me siento muy mejorada de mi columna y físicamente me siento muy bien.”
Este es el testimonio personal de María del Carmen sobre su experiencia; no sustituye consejo médico.
“Me daba pavor el agua.”
Y aun así decidió intentarlo.
Aprender sin saltarse el proceso.
El aprendizaje fue pausado. Cada ejercicio sumaba una pequeña victoria y algunas habilidades necesitaron más tiempo que otras.
Hasta que llegó ese momento que cambia todo: darse cuenta de que ya podía avanzar por sí misma dentro del agua.
“Me sentí muy contenta porque la maestra hasta me aplaudió. Ya me solté.”
Ese aplauso no celebraba solamente un ejercicio. Celebraba haber cruzado una barrera que durante años había parecido definitiva.
La confianza también se aprende.
Hoy María del Carmen habla del agua desde otro lugar. El miedo dejó de decidir por ella y la natación se convirtió en una actividad que disfruta.
“Ustedes fueron los que me dieron la confianza y la motivación para que yo aprendiera a nadar.”
Su historia ahora también sirve para animar a otras personas que creen que ya es tarde para empezar.
“Yo motivo a gente de mi edad a que venga, porque sé que es un ejercicio completo.”
HISTORIAS HACHE
Lo que comenzó como una recomendación terminó siendo una conquista personal.
María del Carmen pensó durante años que no aprendería a nadar. Hoy entra a la alberca sin aquel miedo que la acompañaba.
Y nada.
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